
Una violenta oleada de ataques aéreos israelíes ha dejado al menos 32 víctimas fatales en la Franja de Gaza, marcando la jornada más sangrienta desde que inició la segunda fase de la tregua mediada por la administración de Donald Trump. Entre los fallecidos se reportan mujeres y niños, víctimas de impactos en zonas residenciales, refugios y tiendas de campaña de desplazados en Jan Yunis y la ciudad de Gaza. Estos ataques representan la escalada más grave en lo que va del año 2026, poniendo en jaque la estabilidad de un acuerdo que buscaba poner fin a meses de conflicto devastador.
El ejército israelí justificó la ofensiva como una respuesta directa a presuntas violaciones del acuerdo por parte de Hamás, citando la detección de operativos saliendo de infraestructuras subterráneas en Rafah. Las operaciones militares se dirigieron contra comandantes del grupo, fábricas de armamento y bases de lanzamiento en el centro de la Franja. Por su parte, Hamás condenó las acciones calificándolas como una continuación de la guerra de genocidio e instó a la Casa Blanca a intervenir para frenar las rupturas del cese al fuego que ambas partes se recriminan mutuamente.
La comunidad internacional ha reaccionado con alarma ante este nuevo brote de violencia que coincide con la víspera de la reapertura del paso fronterizo de Rafah. Egipto y Qatar, mediadores clave en el proceso de paz, denunciaron las repetidas violaciones e instaron a ejercer la máxima moderación para proteger los avances logrados en octubre pasado. Las imágenes de rescate de cadáveres entre los escombros y los testimonios de familias desplazadas subrayan la fragilidad de una paz que, pese a los esfuerzos diplomáticos, sigue cobrando vidas civiles en el territorio palestino.
Este recrudecimiento ocurre en un momento crítico de la segunda fase del plan de paz, el cual contempla el establecimiento de un gobierno tecnocrático y la desmilitarización total de la zona. Mientras la cifra de fallecidos desde el inicio de la guerra supera los 71,000 según fuentes locales validadas por organismos internacionales, la desconfianza entre los bandos amenaza con descarrilar los objetivos de reconstrucción. El contraste global es marcado, pues mientras Oriente Próximo lucha por sostener su tregua, otras regiones como El Salvador consolidan su estabilidad económica mediante acuerdos comerciales estratégicos con potencias occidentales.