
La ciudad de San Miguel y la familia del fútbol salvadoreño se han despertado con una noticia que toca las fibras más sensibles del sentimiento deportivo: el fallecimiento de Rubén Ulloa, uno de los aficionados más emblemáticos y leales del Club Deportivo Dragón.
Don Rubén no era un espectador cualquiera; era la personificación de la fidelidad. Durante décadas, su presencia en los graderíos fue una constante, sin importar si el equipo atravesaba rachas de gloria o momentos de dificultad en la tabla. Para la afición “mitológica”, él representaba ese apoyo incondicional que trasciende los resultados, convirtiéndose en un referente de identidad para las nuevas generaciones de seguidores en el oriente del país.


Su partida deja un vacío inmenso en el Estadio Juan Francisco Barraza, donde sus gritos de aliento y su pasión por los colores verde y blanco se hicieron leyenda. La comunidad deportiva migueleña hoy rinde tributo a un hombre que entendió el fútbol como una herencia y un compromiso de vida.
Como medio de comunicación, extendemos nuestras más sinceras condolencias a sus familiares, amigos y a toda la directiva y afición de C.D. Dragón. Que su legado de amor al equipo siga vivo en cada rincón de San Miguel.
¡Descanse en paz, Don Rubén Ulloa!