
La carrera por el regreso lunar ha alcanzado un punto crítico esta semana en Cabo Cañaveral, Florida. La NASA ha iniciado una segunda y determinante prueba de carga de combustible en su cohete gigante SLS (Sistema de Lanzamiento Espacial), un ensayo general cuya superación es el único obstáculo restante para confirmar el lanzamiento de la misión Artemis II, previsto para el próximo 6 de marzo.
Tras un intento fallido hace dos semanas, donde peligrosas fugas de hidrógeno líquido obligaron a abortar la operación, los ingenieros han trabajado contrarreloj sustituyendo juntas y filtros obstruidos. El proceso actual implica el bombeo de más de 2.6 millones de litros de combustible superfrío, una maniobra de alta precisión que determinará si la tecnología es lo suficientemente estable para albergar vida humana.


La importancia de este ensayo es histórica: de tener éxito, cuatro astronautas (tres estadounidenses y un canadiense) se convertirán en los primeros seres humanos en viajar a la Luna desde la misión Apolo 17 en 1972. Aunque en esta ocasión no aterrizarán, realizarán un viaje de ida y vuelta de diez días que servirá de antesala para la futura colonización lunar.
Bajo la nueva dirección de Jared Isaacman, la agencia ha dejado claro que la seguridad es la prioridad absoluta. Isaacman ya ha prometido rediseñar las conexiones de combustible para futuras misiones como Artemis III, buscando erradicar los problemas heredados de la era del transbordador espacial. Por ahora, el mundo observa la plataforma del Centro Espacial Kennedy, esperando que el “gigante” reciba finalmente luz verde para hacer historia.
