París elimina el plástico en su maratón y crea un caos de suministro de agua.

La Media Maratón de París 2026 pasará a la historia no por sus récords de velocidad, sino por la polémica transformación de sus puntos de avituallamiento. En un esfuerzo sin precedentes por alcanzar el «residuo cero», la organización eliminó por completo las botellas y vasos de plástico, sustituyéndolos por puntos de recarga y mangueras de alta presión.

Lo que sobre el papel era una victoria ecológica, en el asfalto se tornó en un colapso logístico. Miles de corredores, acostumbrados a la rapidez del formato tradicional, se agolparon en zonas de hidratación desbordadas. La falta de recipientes obligó a muchos a detenerse por completo para rellenar sus propios envases, generando cuellos de botella que frustraron los tiempos de los atletas más competitivos.

«El objetivo era salvar el planeta, pero por poco nos deshidratamos en el intento», comentaba un participante al cruzar la meta.

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A pesar del desorden y las quejas por la pérdida de ritmo, el resultado ambiental es innegable: las calles, habitualmente cubiertas por un manto de plástico tras el paso de la carrera, lucieron impecables. Este experimento en la capital francesa marca un punto de inflexión para el deporte de masas: el desafío ahora no es solo correr más rápido, sino diseñar sistemas de hidratación que sean tan sostenibles como funcionales.

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