
El fútbol salvadoreño enfrenta nuevamente una crisis de integridad tras las revelaciones del periodista Eugenio Calderón, quien confirmó una investigación en curso contra seis jugadores de la liga mayor por presuntos amaños de partidos. La alerta surgió directamente desde la dirigencia deportiva, luego de que el presidente de un club de la Primera División denunciara comportamientos sospechosos y rendimientos irregulares dentro del terreno de juego que no coinciden con la ética competitiva.
Aunque las autoridades han mantenido bajo reserva los nombres de los implicados y los equipos afectados, la noticia ha generado un terremoto en la afición y los entes rectores. Este nuevo capítulo revive los traumas de 2013, cuando una red de corrupción similar provocó suspensiones de por vida para varios seleccionados nacionales. La vigilancia se ha intensificado sobre el desempeño de ciertos futbolistas en encuentros recientes, buscando pruebas que confirmen si hubo manipulación de marcadores o acciones específicas bajo intereses externos.
La transparencia del torneo local pende de un hilo mientras las investigaciones avanzan. El llamado de la prensa y los dirigentes es unánime: tolerancia cero ante cualquier acto que atente contra el espíritu deportivo, exigiendo sanciones ejemplares para proteger el futuro del balompié cuscatleco.