
En un discurso de 20 minutos desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump defendió la continuidad del conflicto militar contra Irán, asegurando que Washington está “ganando”. Sin embargo, el mandatario evitó fijar una fecha para el cese de las hostilidades, limitándose a prometer una victoria “muy rápida” mientras advertía que los ataques se intensificarán en las próximas dos o tres semanas.
La falta de una hoja de ruta clara y de detalles sobre la estrategia militar ha disparado la incertidumbre global. Aunque Trump afirmó que los objetivos estratégicos están cerca de completarse, no ofreció pruebas sobre el estado real del programa nuclear iraní ni mencionó canales diplomáticos activos, a pesar de haber sugerido anteriormente la existencia de negociaciones.
Impacto económico y presión internacional
La retórica belicista de Trump tuvo un efecto inmediato en los mercados: el precio del petróleo escaló un 7%, superando los 109 dólares por barril. Este incremento, sumado al bloqueo del estrecho de Ormuz, intensifica los temores de una crisis energética y un escenario de estanflación para la economía estadounidense.
Por otro lado, el presidente instó a potencias como Japón, China y Francia a asumir la protección de las rutas marítimas, delegando responsabilidades en sus aliados. Con el plazo de la Ley de Poderes de Guerra agotándose y una creciente presión interna por el costo de vida, este conflicto se perfila como el desafío definitivo de su segundo mandato.