
Estados Unidos e Irán protagonizaron este lunes una nueva serie de ataques militares cruzados que debilita la posibilidad de una tregua. La escalada coincide con el estancamiento de las complejas negociaciones bilaterales que buscan poner fin a la guerra y garantizar la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz.
El ejército estadounidense ejecutó operaciones de autodefensa el fin de semana contra radares y centros de drones iraníes en respuesta al derribo de una de sus aeronaves no tripuladas. Horas después, la Guardia Revolucionaria de Irán replicó bombardeando una base aérea utilizada por Washington, al tiempo que las fuerzas de Kuwait interceptaban misiles y drones en la región.
La tensión militar se entrelaza con la falta de consenso diplomático sobre el programa nuclear. El presidente Donald Trump propuso un acuerdo más exigente para impedir que Teherán desarrolle armamento atómico. Sin embargo, el gobierno iraní mantiene sus reservas, exige la liberación de 12,000 millones de dólares en activos congelados y defiende su soberanía sobre el estrecho de Ormuz. El conflicto se complica aún más debido a la ampliación de la ofensiva de Israel contra Hezbollah en el Líbano, un frente que Irán considera central en cualquier negociación de paz.