
Los futbolistas de élite experimentan un incremento drástico en sus niveles de cortisol la mañana de una competición. Este fenómeno se debe a un mecanismo de activación anticipatoria del cerebro, el cual prepara al organismo para la alta exigencia física y mental que demanda el juego.
Según una investigación de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) publicada en Psychoneuroendocrinology, los jugadores registran un aumento del 82,1 % en el cortisol al despertar en días de partido, en comparación con el 24,7 % observado en jornadas de descanso. Esta Respuesta del Cortisol al Despertar (CAR) demuestra que el cerebro predictivo anticipa la relevancia del evento, activando una cascada hormonal para movilizar energía y elevar el estado de alerta. A nivel de élite, la intensidad de esta activación es similar a la de los deportes individuales, lo que desmitifica la idea de que la presión se diluye al jugar en equipo.
La monitorización del cortisol a través de la saliva permite a los cuerpos técnicos detectar respuestas inadaptadas. Dado que el estrés excesivo es responsable de una de cada tres lesiones musculares, este control ayuda a aplicar estrategias personalizadas de relajación o nutrición el mismo día del encuentro.