
El cáncer de próstata se perfila como una enfermedad silenciosa debido a su total ausencia de síntomas en las etapas iniciales. Por esta razón, los especialistas médicos enfatizan que descubrir la afección antes de que avance es crucial, ya que un diagnóstico oportuno eleva las probabilidades de curación hasta en un 90%.
La recomendación general para los hombres es iniciar los controles urológicos anuales a partir de los 50 años. No obstante, aquellos que cuentan con antecedentes familiares directos de este padecimiento deben adelantar sus chequeos preventivos a los 40 o 45 años.
Cuando la enfermedad avanza, pueden aparecer señales de alerta como el flujo urinario lento, dificultad para orinar, necesidad frecuente de ir al baño por la noche, o bien, la presencia de sangre en la orina o el semen. También suele manifestarse dolor persistente en la pelvis o en la parte baja de la espalda.
El diagnóstico precoz se logra en el consultorio mediante dos pruebas rápidas y complementarias: el análisis de sangre del Antígeno Prostático Específico (PSA) y el tacto rectal. Si ambos estudios arrojan alguna anomalía, el médico ordenará una biopsia para confirmar el diagnóstico.