
Un revolucionario estudio publicado en la revista Science reveló que todas las personas del mundo llevamos en nuestro ADN fragmentos de “linajes fantasma”, correspondientes a parientes humanos antiguos de los cuales no existen registros fósiles. El hallazgo demuestra que la evolución no es un árbol de ramas separadas, sino una compleja red de mezclas genéticas.
Mediante una avanzada herramienta computacional llamada TRACE, desarrollada por la Universidad de California en Berkeley, investigadores identificaron el rastro genético de dos grupos desconocidos. El primer linaje se separó de la línea humana principal hace unos 800,000 años y se cruzó con los antepasados del Homo sapiens en África hace 50,000 años. Como resultado, la población mundial actual conserva entre un 0.5% y un 1% de este material genético.
El segundo grupo, de origen “superarcaico”, se separó hace 1.8 millones de años y posiblemente corresponda al Homo erectus. Este linaje se mezcló con los denisovanos en Asia, quienes luego transmitieron indirectamente dicho ADN a poblaciones de Oceanía.
El descubrimiento transforma la comprensión de nuestra historia evolutiva al demostrar que es posible identificar especies extintas mediante el análisis genético de poblaciones vivas sin necesidad de fósiles.