Las autoridades israelíes decidieron posponer la demolición de un campo de fútbol infantil ubicado en la ciudad de Belén, en la Cisjordania ocupada, un espacio donde entrenan y juegan niños palestinos del campamento de refugiados de Aida.

El terreno pertenece al Centro Juvenil Aida y, según Israel, fue construido sin los permisos correspondientes, por lo que se considera una estructura ilegal y un posible riesgo para la seguridad.
El campo, de césped artificial, comenzó a construirse en 2020 y actualmente brinda un espacio deportivo y recreativo a más de 200 jóvenes, en una zona marcada por la escasez de áreas seguras para la niñez. El pasado 3 de noviembre, los menores encontraron un aviso oficial que declaraba la ilegalidad del lugar, seguido posteriormente por una orden de demolición.


La decisión de aplazar la acción ocurre tras una campaña internacional de solidaridad, que incluyó una petición con más de medio millón de firmas, lo que habría llevado a las autoridades a reconsiderar la medida. No obstante, el club asegura que aún no ha recibido una notificación oficial que confirme la suspensión definitiva.
Aunque el conflicto regional enfrenta problemáticas mayores, este caso ha adquirido un fuerte valor simbólico. Para los niños del campamento, el campo representa más que deporte: es un espacio de esperanza, convivencia y sueños en medio de un entorno marcado por la tensión y la división.