
Nuevas investigaciones publicadas en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y The Planetary Science Journal han revelado que las lunas galileanas —Ío, Europa, Ganímedes y Calisto— pudieron heredar moléculas orgánicas complejas (MOC) desde sus propios orígenes, fortaleciendo la posibilidad de hallar vida en el sistema joviano.
Los estudios, liderados por Tom Benest Couzinou (Universidad de Aix-Marsella) y Olivier Mousis (SwRI), demuestran mediante simulaciones y experimentos de laboratorio que los precursores químicos esenciales no solo sobrevivieron al transporte desde la nebulosa protosolar, sino que también se formaron localmente en el disco circumplanetario de Júpiter. Las condiciones térmicas y la radiación ultravioleta permitieron que granos de hielo con metanol y amoníaco se transformaran en compuestos ricos en carbono, nitrógeno y oxígeno.
Este hallazgo es trascendental para Europa, Ganímedes y Calisto, mundos que albergan océanos subterráneos de agua líquida. La presencia temprana de estas moléculas sugiere que estas lunas no solo poseen agua y energía, sino también los “ladrillos” fundamentales para procesos prebióticos, como la formación de aminoácidos. Así, el sistema de Júpiter se consolida como uno de los objetivos más prometedores en la búsqueda de vida más allá de la Tierra.