
La taquicardia es una alteración del ritmo cardíaco en reposo que supera los 100 latidos por minuto, alejándose del rango normal de 60 a 100. Esta aceleración impide que las cavidades cardíacas se llenen adecuadamente, disminuyendo el flujo sanguíneo de forma eficiente hacia el resto del organismo.
Según la Asociación Estadounidense del Corazón, existen tres variantes principales de esta condición. La taquicardia sinusal es una respuesta natural del cuerpo frente al ejercicio, la fiebre, el estrés o la ansiedad. Por su parte, la taquicardia supraventricular se origina en las aurículas por impulsos eléctricos anormales, siendo la más común en niños y desencadenada por factores como la cafeína o el tabaco. Finalmente, la taquicardia ventricular surge en las cavidades inferiores e interfiere directamente con el bombeo eficaz de sangre.
El riesgo para la salud depende del tipo y la causa subyacente. Mientras que los episodios sinusales o breves suelen ser leves y transitorios, la variante ventricular y las arritmias persistentes vinculadas a cardiopatías resultan peligrosas. Estas situaciones pueden derivar en complicaciones severas como insuficiencia cardíaca, coágulos sanguíneos con riesgo de ictus, desmayos frecuentes e incluso paro cardíaco o muerte súbita.