
Arabia Saudita ha comenzado a replantear su agresiva estrategia de inversión deportiva, marcando un posible punto de inflexión para el mercado global. Tras una década de gastos astronómicos destinados a diversificar su economía bajo la Visión 2030, el Fondo de Inversión Pública (PIF) ha iniciado un recorte significativo de fondos que hace temer por la estabilidad financiera de diversas disciplinas.
La retirada más impactante ha sido la cancelación del circuito LIV Golf, argumentando que la inversión ya no se alinea con la estrategia actual del Fondo. Este retroceso se extiende al billar, con la cancelación de un máster de diez años, y al tenis femenino (WTA). Incluso planes ambiciosos como el Mundial de Rugby 2035 y los Juegos Asiáticos de Invierno han sido abandonados. En el fútbol, el PIF vendió el 70% de su participación en el club Al Hilal para “maximizar beneficios”.
Según Yasir Al Rumayyan, gobernador del PIF, este cambio responde a una búsqueda de rentabilidad y eficiencia, influenciada por tensiones geopolíticas y bajos rendimientos previos. Mientras organizaciones como Human Rights Watch señalan que esto evidencia las grietas en su estrategia de “lavado de imagen”, el mundo del deporte observa con cautela cómo el grifo del dinero saudí empieza a cerrarse.