
El reciente brote de hantavirus detectado en un crucero en el Atlántico ha despertado el interés global sobre esta enfermedad de alta letalidad pero bajo nivel de contagio. Según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), la transmisión principal ocurre por el contacto con saliva, orina o heces de roedores infectados, ya sea por heridas en la piel, mucosas o al respirar aire contaminado con partículas del virus.
Aunque el hantavirus puede ser mortal hasta en un 50 % de los casos, la transmisión entre humanos es extremadamente rara. Sin embargo, las autoridades sanitarias enfatizan que la población con mayor riesgo de desarrollar cuadros graves no son solo los niños, sino especialmente las mujeres embarazadas y personas con sistemas inmunológicos debilitados. Asimismo, quienes manipulan roedores o realizan labores de limpieza en áreas infestadas, como exterminadores, tienen una exposición significativamente mayor.
Para prevenir contagios, la Organización Mundial de la Salud recomienda sellar grietas en viviendas, almacenar alimentos de forma segura y evitar barrer en seco excrementos de roedores, sugiriendo humedecer las áreas antes de limpiar. La higiene constante de manos y el control de plagas siguen siendo las herramientas más efectivas para mantener este virus alejado de los hogares.