
La Fiscalía General de la República (FGR) ha presentado pruebas contundentes que exponen la frialdad y el control absoluto con el que operaba la estructura de la MS-13 en la zona oriental del país, específicamente en Ciudad Barrios, San Miguel. A través de una serie de audios interceptados, se reveló cómo la pandilla ejecutaba un seguimiento minucioso de sus víctimas, analizando sus rutinas diarias, días de descanso y características físicas para asegurar la efectividad de sus crímenes.
Uno de los hallazgos más impactantes de estas grabaciones detalla la planificación del asesinato de un custodio del Penal de Ciudad Barrios. Los registros indican que los pandilleros tenían al objetivo bajo vigilancia total, pero decidieron posponer el ataque al percatarse de que el custodio se encontraba junto a su familia, demostrando una estrategia de oportunidad para evitar contratiempos.
Además, las pruebas reafirman la jerarquía rígida de la organización. Los miembros operativos no tenían autonomía para decidir el destino final de una víctima; tras privarla de libertad, debían esperar la confirmación de la “ranfla” (la alta jerarquía) para proceder con la ejecución. Esta evidencia vincula directamente a los cabecillas procesados en San Miguel con cada asesinato cometido en el territorio.