La importancia del sueño profundo para prevenir la demencia

El sueño de ondas lentas, identificado como la etapa 3 del sueño no REM, es el pilar fundamental del descanso reparador. En los adultos mayores, la reducción de esta fase se ha vinculado estrechamente con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas. Durante este periodo, la actividad cerebral se manifiesta a través de ondas delta de alta amplitud, mientras el cuerpo experimenta una relajación muscular total y la desaparición de los movimientos oculares.

Este proceso nocturno no es solo un estado de reposo, sino una ventana crítica para la limpieza metabólica del cerebro. Según expertos como Txomin Navajas Carasa, el sueño profundo permite que el sistema glinfático elimine residuos tóxicos como las proteínas beta amiloide y tau, sustancias que se acumulan en el tejido cerebral de personas con Alzheimer. Sin esta “desintoxicación” natural, las conexiones neuronales se debilitan y la memoria se degrada progresivamente.

En un organismo sano, esta fase representa entre el 15 y el 25% del descanso total. Sin embargo, con el envejecimiento, alcanzar estos niveles se vuelve un desafío. Mantener la calidad del ritmo ultradiano es vital, ya que la disminución de neurotransmisores como la serotonina facilita estas oscilaciones lentas que protegen la salud cognitiva a largo plazo.

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