
El próximo martes 3 de noviembre de 2026, Estados Unidos celebrará sus elecciones intermedias, un proceso electoral que se perfila como un plebiscito decisivo sobre los primeros dos años del segundo mandato de Donald Trump. La contienda redefinirá el equilibrio de poder en Washington y en las administraciones estatales.
El control del Poder Legislativo está en juego por los estrechos márgenes actuales. En la Cámara de Representantes se renovarán los 435 escaños, donde el Partido Republicano mantiene una ventaja mínima frente a los demócratas, quienes solo requieren una ganancia neta reducida para asumir la mayoría. En el Senado se disputarán 35 de los 100 escaños —incluyendo elecciones especiales por vacantes previas—, con un escenario de alta competitividad en estados clave.
De forma paralela, 36 estados y tres territorios elegirán gobernadores. Estas administraciones regionales impactarán directamente en la definición de leyes locales, economía y políticas públicas, funcionando además como plataforma para proyectar figuras nacionales de cara a las presidenciales de 2028.
El resultado marcará la capacidad de maniobra de la Casa Blanca. Una victoria conservadora aseguraría la continuidad de la agenda de Trump, mientras que un triunfo demócrata abriría paso a un periodo de gobierno dividido, mayor fiscalización legislativa y bloqueos presupuestarios.